Mead nos expresa claramente que para él la persona como tal (inteligencia, conciencia) es algo independiente al cuerpo de este (organismo), es decir, la persona es distinguible de un organismo rodeado de cosas o de su propio cuerpo.
El individuo se puede experimentar a si mismo solo a través de los puntos de vista particulares de otros individuos pertenecientes a la sociedad, esto se logra a través de la comunicación. Este elemento es el que le da la herramienta al individuo para convertirse en un objeto para sí, pero debe ser entendido, según Mead, en el sentido de los símbolos significantes, comunicación que está dirigida no sólo a otros, sino al individuo mismo. Por lo tanto, lo que Mead quiere expresar, es que la persona es esencialmente una estructura social y surge en la experiencia social, ya que no es posible concebir al individuo fuera de la esfera social. Ahora bien, si se piensa en un ser aislada del resto, aún así no se encuentra solo, se tiene a si mismo, ya que en el proceso del pensamiento se produce una conversación interna, la cual es comunicación. Por lo que de lo anterior, Mead concluye que el individuo no es una persona en el sentido reflexivo, a menos que sea un objeto para sí.
Continuando con lo anterior, el proceso social mismo es el responsable de la aparición de la persona; ésta no existe como una persona aparte de ese tipo de experiencia, por lo que podemos concluir respecto a la persona que “la unidad y estructura de la persona completa refleja la unidad y estructura del proceso social como un todo; y cada una de las personas elementales de que está compuesta aquella persona completa refleja la unidad y estructura de uno de los varios aspectos de ese proceso en que el individuo está involucrado”[1].
La condición social antes expuesta (comunicación), que permite el surgimiento de la persona como objeto, tiene dos claros ejemplos, junto con el leguaje, que son el juego y el deporte. Esto se da, ya que la diferencia fundamental que existe entre el deporte y el juego está en que, en el primero, el niño tiene que tener la actitud de todos los demás que están involucrados en el juego mismo. Por lo que el niño ve las demás acciones de los jugadores como un “otro generalizado”, ya que los involucra a todos dentro de lo mismo, es de este modo, como es un claro ejemplo de proceso social el que se vive al emerger una persona.
Ahora bien, Mead, propone dos conceptos para separar a la persona como tal frente a lo social y la construcción de ella a través de lo social, para la primera se utilizara el “yo”, y la segunda será el “mí”. Por lo tanto, el “yo” es aquel que reacciona a la persona que surge gracias a la adopción de las actitudes de otros, por tanto introducimos el “mi” y reaccionamos a él como “yo”.
Para entender mejor la diferencia, Mead los define de la siguiente forma, el “yo” es la acción del individuo frente a la situación social, mientras que el “mí” es la serie de actitudes. Por lo tanto, el “yo” y el “mí” tal como se nos aparecen en nuestra experiencia constituyen la personalidad, siendo un aporte para explicar el proceso social que produce una sociedad cada vez más altamente organizada.
Por otra parte, Mead, propone que el espíritu es la internalización del proceso social del individuo, es decir, “la relación entre el espíritu y el cuerpo es la que existe entre la organización de la persona, en su conducta como miembro de una comunidad racional, y el organismo corporal como cosa física”[2]. Por lo que el espíritu es la expresión en su propia conducta de la situación social, y del proceso cooperativo que se lleva a cabo.
Al introducir la persona como un nuevo tipo de individuo en el todo social, luego de que el “yo” reaccionara al “mí” (adaptación), se genera un nuevo todo social debido a la aparición del tipo de espíritu nuevo. Por lo que, la sociedad sólo es posible gracias a la internalización de esa actitud social en las reacciones de toda la comunidad. Es decir, mirado desde el punto de vista del “mí”, el hecho de que el “mí” sea una miembro del grupo social, representa por tanto el valor del grupo y la experiencia que el grupo hace posible.
Por ultimo, Mead, propone una diferencia entre las teorías individualistas, y las teorías sociales de la persona. Por una parte, la psicología social que cree que surgen los individuos desde el proceso social, supone un orden social como precondición para el surgimiento de la persona, mientras que la psicología social que toma la posición que lo social surge desde los individuos, supone que las personas son preexistentes al orden social. Como ejemplo claro de estas dos posiciones nos encontramos con las teorías evolucionistas y contractuales.
[1] Mead, George H. (1999) “Espíritu, persona y sociedad”desde el punto de vista del conductivismo social”, Editorial Paidós, Barcelona. Pp. 175
[2] Mead, George H. (1999) “Espíritu, persona y sociedad”desde el punto de vista del conductivismo social”, Editorial Paidós, Barcelona. Pp. 213
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miércoles, 3 de septiembre de 2008
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