miércoles, 3 de septiembre de 2008

Reseña Vanessa orrego

“Se ha recurrido al “interaccionismo simbólico” para designar un enfoque relativamente definido del estudio de la vida de los grupos humanos y del comportamiento del hombre”. Con estas palabras, que dan cuenta de la esencia de este enfoque, comienza Herbet Blumer el texto que da origen a esta reseña y en el cual desarrolla principalmente sus premisas metodológicas y consecuencias sociológicas, éstas últimas como una clara síntesis de los planteamientos de Mead, el teórico más significativo de esta corriente.

A modo de definir un enfoque teórico que ha tenido una emergencia florida, el autor explica la naturaleza del Interaccionismo Simbólico en base a tres premisas sencillas: (1) “el ser humano orienta sus actos hacia las cosas en función de lo que éstas significan para él” (p, 2); (2) el significado de estas cosas deriva de, o surge como consecuencia de la interacción social” (Ídem); y, (3) “los significados se manipulan o modifican mediante un proceso interpretativo desarrollado por la personal al enfrentarse con las cosas que va hallando en su paso” (Ídem).

Partiendo de estas nociones, se desprende, tras rodeos y diversas definiciones, la aseveración que el mundo que se está estudiando sólo es posible de conocer penetrando en los mundos de significado que tiene para sus actores, la necesidad de no fijar previamente los límites de las interacciones sociales en curso sino más bien de descubrirla empíricamente y, por último, la afirmación de que es la acción la materia primordial de la sociología, la cual sólo puede abordarse y analizarse observando el proceso que la genera, es decir, la interacción social y, por consecuencia, el proceso de interpretación que se pone en juego en ella y el cual es la base donde los significados son usados (manipulados, trasformados, seleccionados o destruidos) como elementos para la formación y orientación del acto social.

Asimismo, en el primer capitulo del texto y en base de las mismas ideas, Blumer desarrollará la forma en que es y debería hacerse metodología desde la perspectiva del Interaccionismo Simbólico. Planteándolo como una ciencia social empírica, argumentará que su metodología comprende principalmente tres premisas de vital importancia. En la primera de ellas, afirmara que toda investigación debe abarcarse en su totalidad y, por ende, no restringirse a uno o varios de sus sectores (entiéndase, la posesión o descripción de un esquema del mundo empírico de estudio, la formalización de interrogantes, entre otros). En segundo lugar y en relación a la condición de subordinación que tiene la ciencia respecto al mundo empírico, plantea que es necesario someter toda la investigación a la prueba del mundo empírico en estudio para, finalmente, ser él quien proporcione las respuestas a las interrogantes que dieron inicio a la indagación.

En un rechazo a las formas tradicionales de hacer ciencia, las cuales parecieran estar constituidas únicamente como la negación del contraste constante con el mundo empírico (aún cuando ilusamente crean y argumenten que no lo hacen), el autor terminará planteando a la exploración y la inspección, procedimientos del examen naturista del mundo social empírico, como una de las formas posibles de acercarse a la realidad que cumpliría con los anteriores principios.

En el segundo capítulo, llamado “consecuencia sociológicas del pensamiento de George Herbert Mead”, Blumer perfila los conceptos y alcances fundamentales que se desprenden de las argumentaciones de este autor, los cuales giran en torno a la tesis que afirma que es “un grupo humano es la condición esencial para la aparición de la conciencia, la mente, un mundo de objetos, seres humanos como organismos dotados de “si mismos”, y la conducta humana en forma de actos construidos” (p. 45). En otras palabras, las ideas que ubican a lo social (específicamente las interacciones con empleo de símbolos significativos o, como las prefiere llamar Blumer: interacciones simbólicas) como fundante de lo social mismo y del individuo.

Las principales materiales que rastrearía en su obra incluyen: al “si mismo”, el “acto”, la “interacción social”, los “objetos” y la “acción conjunta”, todas las cuales apuntarían a comprender que lo social sólo puede ser comprendido a partir de la acción conjunta que lo configura, las cuales emergen para resolver las situaciones a las que las personas se enfrentan y que, por tanto, sólo puede ser definida (significada en el proceso de interpretación del “sí mismo”) por quienes participan en ella. Se perfila, de ese modo, la influencia que tiene el pragmatismo y el conductismo, que en Mead adquiere el carácter social, en la constitución del Interaccionsimo Simbólico.

Por último, sólo queda referirse a una de las consecuencias sociológicas que se desglosa de la argumentación que construye Blumer respecto al Interaccionsimo. Contrario a Parson, desde este enfoque se articula la puesta en marcha de lo social. El orden, por tanto, no vendría como algo pre-existente a la interacción misma. Incluso, en aquellas situaciones que se hallan reificadas, el significado siempre esta puesto en juego en la interpretación, la cual hace del actor un objeto y un sujeto de sí mismo. De igual modo, el elemento que articula la unidad social no se encuentra necesaria y exclusivamente en valores comunes. Las razones que fundan la unidad y el orden de las acciones conjuntas dependen de las diferentes situaciones, es decir, puede ser ésta la pura necesidad, el compromiso, la coacción o la búsqueda personal de los propios interés, entre otros.

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